Hubo una vez un jugador llamado Raúl...

Oct
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Valencia-No hay día que no salga el tema Raúl. De ello se encarga bien la prensa madrileña. Y las cadenas de televisión. Abonada al tema se encuentra, sobre todo, la 4. Qué obsesión con Raúl... Una crónica de Miguelete Tres Velas.
 
Noticias Valencia (Redacción/ Miguelete Tres Velas)- No hay día que no salga el tema Raúl. De ello se encarga bien la prensa madrileña. Y las cadenas de televisión. Abonada al tema se encuentra, sobre todo, la 4. Qué obsesión con Raúl. Nos cuentan si duerme, si lee, si respira o si ladea la cabeza hacia la izquierda o hacia la derecha. No hay día, repito, que ese muchacho, ya finiquitado para el fútbol, se halle ausente de la noticia. Una cosa así, sólo se explica porque hay mucho madridista suelto copando puestos de responsabilidad informativa en nuestro país y porque Raúl, durante bastantes años, representó el paradigma del jugador español enrolado en el supuestamente mejor equipo del mundo. Tuvo, el joven, cuando se vistió de rojo, sus momentos de gloria, su reinado en el páramo ibérico, donde, siendo tuerto, se sobreponía a toda la tropa de ciegos que solicitaban misericordias futbolísticas por el mundo alargando sus manos suplicantes, y lo más amable que recibían eran los balonazos furibundos de centroeuropeos, americanos y, finalmente, de  africanos. Evoquemos, en caso de duda, la larga trayectoria frustrante del fútbol español. Y, cierto, Raúl exhibía en algunas  ocasiones el fermento de su rebeldía, el antídoto de su carácter indomable, y no pocas veces lograba cambiar el signo de los acontecimientos y conseguía para su equipo, o para España, triunfos de otro modo  imposibles. Pero aquello ocurrió en el Paleolítico futbolístico. Aquello ocurrió más allá del 2005.Pero quién se acuerda más allá de tres partidos, para qué sirve acordarse más allá. Hoy un equipo gana, pero si mañana palma y pasado mañana se atasca y vuelve a palmar, entre los aficionados muere instantáneamente la ilusión, desaparece el arrobamiento y la miel de los ojos. Qué me cuentan ustedes, señores periodistas, de las proezas de un tal Raúl. Hoy se vive a cuenta de lo de hoy. El 7 no es ese tal Raúl. No hay otro 7 que el que tremola a las espaldas de David Villa. Ya puede, ya, el madrileño poner sus pulgares apuntando hacia el dígito que mancha su camiseta por detrás. No está en condiciones de disputar nada a nadie, no ahora, cuando la edad le ha plantado cara y le obliga a comer el ácido fruto de la mediocridad. Cuánto más le valdría recoger velas y buscar el refugio seguro de un buen puerto. En el mundo del fútbol, si no se quiere ver uno reducido a una gélida estatua de sal, se tiene que saber, o intuir cuanto menos, el momento en el que suenan trompetas de retirada, y obedecerlas ciegamente. Pero hay todo un coro de aduladores, de nostálgicos, de aburridos cuentistas, de apologistas de inferior orden, que ocupan su tiempo, y nos lo hacen perder a nosotros, en alabar el carácter indómito de Raúl, la belleza de sus goles, la genialidad de sus desmarques o la sólida firmeza de su semblante cuando empieza a sonar el himno de España. Y todo eso, señores, estaría muy bien si hoy en día Raúl continuase siendo aquel jugador excepcional que, para desgracia de nuestro fútbol, vive oculto en algún lugar de nuestros recuerdos. Pero sólo ahí. No traten de invertir el orden de las cosas y hacernos creer que lo que solamente es historia, se puede hacer comer como plato de actual cocina.   
 
 
 

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