Resultados prácticos con escaso fútbol: Villareal 2-Racing 0/ Málaga 0-Valencia 2

Sep
26

                    
 
Valencia-Con apenas 24 horas de diferencia, Villarreal y Valencia han repetido marcador. Un marcador que les viene de perlas para consolidar su privilegiada posición como líderes... Una crónica de Miguelete Tres Velas.
 
Noticias Valencia  (Redacción/ Miguelete Tres Velas)- Con apenas 24 horas de diferencia, Villarreal y Valencia han repetido marcador. Un marcador que les viene de perlas para consolidar su privilegiada posición como líderes de la Primera división del fútbol español. El miércoles, en su feudo, el Villarreal se midió con un Racing trotón, peleón y, la verdad, bastante compacto. El equipo castellonense empezó el encuentro ostentando el mando, indicándole a su rival, con un juego bastante bien trenzado, que las estadísticas tenían solidez.  Y es que las estadísticas presentaban a un Villarreal que durante 17 partidos no conoce la derrota en El Madrigal. Y goles en contra, también en ese mismo campo, no ha encajado ni uno desde febrero del presente año. Pero, bueno, tal vez cegado, o ensoberbecido, por esas mismas estadísticas, el Villarreal fue aflojando las bridas del encuentro y sus oponentes comenzaron a practicar un fútbol más ambicioso. Es esa misma ambición la que tiñe las botas del racinguista Tchité  cuando, en el minuto 10, realiza una incursión por la banda izquierda, aunque luego no sabe orientar  el balón hacia donde más daño pudiera hacer. Y no mucho después, corre a cargo de Valera mostrar las uñas y los dientes  frente a la puerta de Diego López, pero es éste quien tiene que desbaratarle personalmente sus intenciones. Con ambas cartas de presentación el Villarreal intuye que aquella puede resultar una noche negra y que el amarillo, sus colores, no  brillen con la intensidad acostumbrada.  El cerrazón, a su vez, montado por el equipo cántabro mantenía en letargo a los hombres punta del Villarreal. Allí los balones morían lacios sin que nadie les diera furia suficiente para asustar. Tuvo, entonces, a la media hora de iniciado el encuentro, que comparecer un ángel. Tuvo, entonces, que emerger desde el lateral derecho el canario Ángel para mandar, no una, sino dos veces, con sólo 5 minutos de intervalo, sendos balones a las cabezas de Capdevila y Lorente para que éstos anotasen gol  y le permitiesen a su equipo, el amarillo, seguir dormitando y recuperando fuerzas para las odiseas, sobre todo europeas, que se le avecinan. El Villarreal, pues, le dio carpetazo al encuentro gracias a la providencial comparecencia de un ángel hasta ahora no demasiado aprovechado y también gracias a los valores de Diego – ¿por qué no llamarle Diego Valor?- , un portentoso guardameta que dejó en la nada los méritos que tanto Tchité como Valera siguieron haciendo frente a su  hermética portería.
Partido pastoso y bastante insulso el que mantuvieron, sobre todo en la  primera parte, el Málaga y el Valencia en la Rosaleda, el jueves 25 de septiembre. Ni un solo tanto había marcado el equipo andaluz en lo que va de Liga. En la clasificación comparecía con un escuálido punto. Su hinchada, pues, se mostraba ansiosa de devorar –futbolísticamente, se entiende- al primer rival que asomase la pinta por su terreno de juego. Poco importaba que ese rival tuviera la entidad de un Valencia. Había que ir  a por todas. Afiladas las espadas, pertrechados de sólida armadura y montados en furiosas cabalgaduras, esperaban los malacitanos a que comenzase a rodar el balón. Pero de inmediato se puso de manifiesto que toda esa parafernalia guerrera tenía la pólvora mojada. El Málaga tocaba el balón con cierta precisión, se armaba de buenos propósitos y dejaba crecer entre su afición la flor de la esperanza. Pero toda esa trenza la iba construyendo lejos del área valencianista, donde sólo se sueña, donde la tierra es estéril y no da fruto alguno. En tales circunstancias, ambos equipos  mostraban una faz tranquila, risueña, propia de quienes no temen sobresalto alguno. Pero alguien que observase imparcialmente a ambos contendientes podía advertir, pienso, que uno de ellos, concretamente el Valencia, albergaba, dentro de su modoso comportamiento, aviesas intenciones de arrebatar los tres puntos en litigio para seguir encabezando la Liga. O si no, advirtamos cómo  su central Albiol, espigado como un tallo, cabeceaba un balón puesto a volar por Angulo en saque de esquina y se iba por muy poco. Y eso ocurría en el minuto 7. O, si lo preferimos, anotemos como todo un despliegue de intenciones, el chut de Fernandes que un palo benévolo no permitió que se transformara en gol, tan sólo 8 minutos después. Pero el Málaga  seguía sin borrar la sonrisa beatífica  que le quitaba veneno a sus acciones, y el Valencia aplazó para mejor momento la mordedura letal que muy levemente iban ensayando Mata y Villa.
En la segunda parte, enmarañado el Málaga en el desprestigio de los que calzan botas romas, el Valencia mostró un rostro mucho más serio y decidido.  Salieron al campo hombres con más mordiente. Allí saltó Joaquín, que siempre sobresalta al contrario; allí mostró su corpachón Edu, que siempre pugna por cubrir más terreno; allí comenzó a corretear Moretti, que cerró con más fuerza el pestillo de atrás. Y ocurrió lo inevitable. Y en el Valencia, lo inevitable tiene un nombre muy corto pero que ya comienza a tener los tintes de una auténtica leyenda. Ese nombre es Villa. El Cazagoles  David Villa. Los dos goles valencianistas se sellaron con su firma, como no podía ser de otro modo.
 

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